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Carolina Sanín: literatura y twitter

Actualizado: may 9

Guillermo Maldonado Pérez - Colaborador


Fotografía: El Espectador

Tu cruz en el cielo desierto, el último libro de Carolina Sanín, parece surgir de la activa participación de la autora en las redes de comunicación actual: Twitter, Facebook, etc. La incorporación al relato literario de elementos y vivencias propias de los medios digitales es un hecho novedoso en la literatura colombiana.


La práctica de Sanín en redes es suficientemente conocida. Allí sus intervenciones ejercen diálogo docente, a veces punzante, de pensamiento y reflexión. ( Existe un grupo espontáneo de tuiteras - cultas, brillantes, inteligentes, y bellas-, que participan en debates con opiniones críticas de aguda percepción, y suelen enfurecer a una oposición poco reflexiva, más bien rencorosa y pasional).


Los seguidores de Carolina Sanín son numerosos; la quieren y admiran- otros no tanto-, por su inteligencia, valor e integridad. Sus tuits, de espíritu combativo, también amistoso y siempre pedagógicos, redactados con el dominio del idioma que conoce a la perfección – quizá sea ésta la mayor causa de los resquemores que suscita-. Tiene verdadera pasión por el idioma, que cultiva y defiende incluso con beligerancia; por ello dicta cursos donde enseña a escribir y hablar español correctamente.


En una época la escritora relató en Twitter episodios de su vida amorosa, una “traga”, como ella llama a sus amores; en la red los seguidores participaron de las confidencias, se divirtieron con los pormenores, que luego la escritora juntó con otras experiencias y escribió Tu cruz en el cielo desierto, poderosa reflexión sobre el amor de poco más de doscientas páginas. El libro describe la relación de la escritora con un poeta chileno – sin duda la cruz del cielo desierto es la de ella- residente en la lejana China. La situación geográfica insalvable de los amantes justifica la relación virtual, única que tuvo la pareja. ( En literatura los recursos para salvar la incomunicación amorosa tienen un ilustre historial, según sean las épocas: cartas, diarios, papelitos a través de las celosías de los antiguos conventos, palomas mensajeras, los oficios expertos de Celestina, etc.).


La novela, contada en primera persona - y en otras personas, pero siempre la misma-, abarca los ángulos posibles para mostrar el poliedro de una compleja relación sin cortapisas. No es un monólogo interior, es un monólogo íntimo; una confesión. ¿Ante quién? ¿Al lector? Ante sí misma. Siendo su propia lectora, voyeur de sí misma, la autora se extrapola en el lector desconocido para convertirse en otro, y los dos, mutuos lectores de sí mismos, cómplices e intrusos en la aventura- lectura que es siempre gozo compartido.


“ Escribí este libro con absoluta libertad”, dijo la escritora. Declaración que permite comprender su planteamiento de intimidad sin tapujos, y trascender el acontecer erótico, fundamento de su mise en scene. La libertad empieza en el lenguaje, así que la escritora lleva su pasión hasta la cruz.


La portada de Tu cruz en el cielo desierto está diseñada con sobriedad; sobre fondo blanco una tipografía casi mortuoria; los temas del libro son los esenciales de la literatura: Dios, la muerte, el amor, el deseo, la soledad, el dolor… Su título es un hallazgo; en principio sugiere un verso del Siglo de Oro, de san Juan de la Cruz, de santa Teresa de Jesús, de sor Juana Inés de la Cruz, de Dante Alighieri, maestro de amor de la escritora; poetas todos que supieron transubstanciar el amor humano al divino, el físico al místico, el pagano al santo, y alcanzaron niveles superiores de intensidad expresiva, verdaderos hitos de la poesía . Valga un fragmento de san Juan de la Cruz:


¡Oh noche, que guiaste!

¡oh noche amable más que la alborada!

¡Oh noche que juntaste

amada con amado,

amada en el amado transformada!

Y de Tu cruz en el cielo desierto una cita elegida al azar:


“Mi corazón ya no está yendo hacia otra parte, que es como está cuando busca su deseo. Le he oído que está ocupando el lugar de cámara de mi muerte. Y yo, acurrucada en un nudo de dolor, en el instante de empezar a nacer, ocupo el lugar del corazón roto de mi corazón”.


Al final pude saber que el verso es de Gerad de Nerval, otro santo y mártir de la poesía.


Para la escritora Carolina Sanín ( formada en la cuna del castellano - escribió la biografía de Alfonso X el Sabio, rey a quien el idioma debe su renacimiento-), la innovación literaria no es ruptura vana sino progresión, innovación de continuidad en la mejor tradición: admiradora de los siglos XII y XIII, incorpora en sus afectos a escritores del pasado lejano y reciente: Rulfo( el comienzo de su novela es un guiño rulfiano, casi un regreso a Comala), García Márquez (del que cita con admiración su espléndida obra), para luego, esta vez en solitario, adentrarse en los vericuetos propios y nada fáciles de su creación, original, dolorosa y profunda. Característica de esta prosa es el lenguaje, notable en desdoblamientos, ensimismamientos, trastrocamientos, palabras-espejo, pares de contrarios, pliegues barrocos, juego de sentido cambiante, metáforas huérfanas, significados perdidos, y en especial la notable inmersión poética.

El libro salió a luz de repente - por ahora en ebook, dicen los editores-, en plena cuarentena, cuando todas las librerías del país se encuentran cerradas; sin embargo ha sido un libro esperado, recibido por ansiosos adeptos, tuiteros que lo leen en voz alta, fotografían páginas enteras, fragmentos, citas de ciento cuarenta caracteres. Son muchos los lectores jóvenes que mantienen viva interacción con este libro, un potente fenómeno en la relación autor - lector.


La escritora pareció tomar de Twitter la compresión de la prosa, su lenguaje hacia adentro, cortado con precisión de cubo virtualmente continuo, ciento cuarenta caracteres de un hilo incesante.




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