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Los devotos indignados

Cicerón Flórez Moya

La orden de detención contra el expresidente y senador Álvaro Uribe proveniente de la Corte Suprema de Justicia es una decisión ajustada a derecho a la cual se llegó mediante un proceso de comprobaciones exhaustivas sobre actos presuntamente punibles en que pudo incurrir el implicado. La investigación pone en evidencia manipulaciones dolosas propias de persona con intenciones delictivas.


Sin embargo, los devotos del expresidente Uribe, incluido el presidente de Colombia, se han declarado indignados y no se cansan en predicar que el acusado no merece esa suerte y lo consideran víctima de un montaje judicial.


Conviene tomar en cuenta que quien escogió el camino hacia la investigación judicial fue el propio Uribe con su versión de que el senador Iván Cepeda estaba en la tarea de comprar falsos testigos. Los investigadores encontraron que el de la trata de falsos testigos era Uribe y no Cepeda. Y se empezó a desbaratar la trama, hasta llegar al desenlace de la detención.


La indignación de los devotos se ha convertido en ardientes alaridos, con la argumentación de que Uribe es el redentor de Colombia. Se dice que en sus ocho años de gobierno el país se convirtió en el paraíso de América. También que derrotó a las Farc y dejó a la nación colmada de satisfacciones. Se insiste en su honorabilidad y su patriotismo con desprendimiento.


Abrumado de elogios sobredimensionados, su figura queda consagrada como deidad con todos los atributos que garantizan su eternidad.


La indignación de los devotos se manifiesta en todos los ámbitos y hasta se llegó a

amenazar con nuevas violencias y más guerra.


Claro está que la realidad es bien distinta. Después de los ocho años de mandato

de Uribe Colombia siguió padeciendo los estragos del conflicto armado con

violencias de todas las marcas. Y en ese período se dieron los falsos positivos y

otros crímenes de paramilitares y bandas armadas de múltiples acciones. Y se

consumaron desapariciones, desplazamientos y despojo de tierras. ¿Cómo decirle

a un país con cerca de 9 millones de víctimas que goza de bondades? ¿Cómo tapar

el sol con las manos, haciendo reconocimientos de rectitud con todas las desgracias

consentidas y en contra de la población, en general?


Los indicadores en tiempos de Uribe fueron negativos. La pobreza sigue lacerando

a la mayoría de la población. Las condiciones de vida de los campesinos son

precarias bajo la férula del feudalismo. Y hubo tanto desgreño y abuso de poder que

muchos de los altos servidores de Uribe todavía están presos.


Hay otra consideración de fondo. Uribe es popular y tuvo buena imagen. Eso no le

da privilegios para tener un trato judicial preferencial. Nadie puede estar por encima

de la ley. Todo ciudadano debe ajustar su conducta a la decencia y la legalidad.

¿Por qué tiene que haber excepcionalidad?


Colombia se merece mandatarios que la saquen de la pobreza, de la violencia, de

la corrupción y todos los males crónicos. Los engaños no pueden seguir. ¡Basta ya!


Puntada


La gratuidad de la matrícula en las universidades oficiales fortalece la educación en

Colombia.


cflorez@laopinion.com.co

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