• gomezsardinata5

Una realidad inocultable

Cicerón Flórez Moya

“Tanto va el cántaro al agua hasta que por fin se rompe”. Proverbio popular.

Llegó la pandemia del coronavirus como un estallido de afectaciones siniestras. Sin duda, se agudizaron los problemas de los más pobres, que son muchos y siguen aumentándose. Pero esa agudización del colapso social no es el único peso que agobia a los colombianos. El país ha estado marcado por la desigualdad y la exclusión desde hace tiempo. Sin embargo, la acumulación de sus problemas se ha aumentado en forma acelerada sin que el gobierno reconozca esa realidad y le busque salida.


Colombia es hoy una nación con rumbo errático, a tal punto que el gobierno lleva al Congreso un proyecto de reforma tributaria en el cual dispone que los sectores de ingresos medios contribuyeran más que los ricos. Fue un cálculo perverso del cual tuvo que arrepentirse el presidente Iván Duque. Esa iniciativa puso en evidencia el modelo clasista aplicado al manejo de la nación.


Errático es también el proyecto de reforma a la salud, el cual le resta posibilidades de aplicación a ese derecho y privilegia la rentabilidad de las empresas que manejan un servicio de tanto alcance social.


Y la cadena de desatinos crece todos los días. Tal es la negociación para la compra de aviones, en lo cual se invertirían millonarios recursos sin consideración ninguna por los pobres. Y está, además, el gasto oficial para el sostenimiento de una nómina de burócratas en el exterior. La corrupción es una práctica corriente en muchas de las entidades del Estado y sus actores se mueven sin mayores problemas. Otro punto de graves implicaciones es el de la violencia con repetidas masacres, el asesinato de líderes sociales, defensores de los derechos humanos y excombatientes de las Farc. También se han subestimado puntos clave del acuerdo de paz que se consolidó en el Gobierno de Santos y con el cual se le quitó a Colombia gran peso de la guerra.


Es abundante la propaganda oficial con la cual se pretende mostrar una realidad diferente. Es imposible tapar tantos problemas. No es posible esconder la desigualdad. El hambre, el desempleo, la informalidad, la violencia, el abuso de autoridad por parte de la Policía y los militares son hechos que se sienten y provocan inconformidad. Las manifestaciones de protesta y su radicalización son actos de una ciudadanía que rechaza la forma como se está gobernando.


El pueblo lo que exige son soluciones, respeto a sus derechos, políticas que generen bienestar y democracia para que la nación pueda decidir sin presiones indebidas, sin fraudes, sin trampas.

La inconformidad de los colombianos no llega de Maduro. Es una ciudadanía que rechaza las torpezas oficiales.


Puntada


¿Por qué el gobierno no reconoce los problemas que llevan a la protesta y les da tratamiento de solución?

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